A mí es que en realidad las otras personas me dan igual, de ellas a mí me interesan las cosas que puedan crear, las cosas que puedan enseñarme; no me importan sus chismes, ni sus opiniones, ni sus magníficas historias de amor, ni sus peleas… Lo siento, me parecen completamente aburridas y sin sentido, tal y como las mías me parecen insufribles. Con esto no quiero decir que lo mío sea lo más importante o lo más interesante, al contrario creo que llevo una vida todavía más aburrida que la de todos ellos; es sólo que creo que yo sí lo sé y vivo con ello cada día. No me gustan las grandes aventuras, ni salir al campo, ni la vida nocturna, ni las fiestas, ni el baile. Encuentro lo que necesito en otras partes: en los libros. en la música, en el cine, en las pinturas, los dibujos, los patrones en la naturaleza, los matices, los sonidos extraños, en observar a los animales, en preguntarme sobre la condición humana, en no entender a las personas, en las computadoras (a veces), en las mujeres (aunque me pierda por completo y entienda menos), en el paso del tiempo, en la luz, en los claro oscuros, en las fotos de las galaxias, en pensar que en este momento hay un robot en Marte (MARTE, MALDITA SEA), en estar definiendo mi personalidad, mis deseos y mis proyectos, en no tener proyectos… A veces en cambiarme de casa, en cambiar de auto, en cambiar de teléfono, en mi sueños (de esos que uno sueña, no de esos que uno anhela), en las reglas ortográficas, en escribir, en pintar, dibujar, hasta en el trabajo algunas veces.

Hay días como hoy en los que creo que mi padre tiene un punto, entiendo porque su aislamiento (a pesar de dar clases y que eso implica enseñar y preparar a las personas que tienen la suerte de estar con él), de mantenerse encerrado en su mundo de novelas negras, de jazz y cine. A veces, en días como hoy entiendo que tal vez ser tan diferente (porque puede que sí lo sea) significa no entender nada, no sentirse parte de algo y que uno debe ser capaz de llenar esos huecos con las cosas que le gustan, con las cosas en las que cree, y con la capacidad de no sentirse solo, ni sentirse menos por no ser como se espera. El lunes soñé que una persona preguntaba a un grupo si se consideraban neutros, yo levantaba la mano como la mayoría de las personas que estaban en mi sueño, “bonita forma de ser diferente” me decía.

Hoy pensé que si la gente espera que sea una especie de Ogro para demostrar lo  que ellos esperan que es ser fuerte o ser firme, mucho me temo que no lo encontrarán en mí; creo que mi fortaleza se encuentra en otra parte, como en la posibilidad de escribir esto, de cuestionar si lo que ellos dicen es cierto, en ser amable, en tratar de ser sensato, en tratar  de no dejarme llevar por rumores ni por habladurías y sobretodo por siempre tener la claridad de no convertirme en todo aquello que desprecio.

Si en el tránsito un imbécil decide no dejarme pasar aun cuando ponga la direccional, yo dejaré pasar al que me pida el paso… Supongo que si las malas costumbres se reproducen como enfermedades, las buenas deben hacer algo parecido, como las medicinas en el cuerpo (aunque no sé nade de medicinas).

Otra fortaleza, supongo, debe ser que en realidad sí me preocupo por las personas, por el daño que puedo hacerles, por mis palabras, por quererlas proteger, por no hacerles lo que no me gusta que me hagan, aunque la mayoría de las veces dé a entender lo contrario y me preocupe aún más por no entender qué es lo que estoy haciendo mal.

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