Ayer fue un día pesado para regresar en la bicicleta a casa, mucho tránsito y muchos malos conductores. Como el del Honda que se me cerró sin ningún motivo, unos 200 metros después lo rebasé mientras lo miraba con ojos de te voy a sacar las tripas y usaré parte de tu intestino como cadena de mi bicicleta, creo que no se dio cuenta. Mi satisfacción fue dejarlo atrás y pensar que llegué a mi casa mucho antes que él a la suya.

Creo que lo estoy haciendo mejor. Me compré otro casco, tiene un foquito en la parte de atrás. Es blanco mate para que, según yo, me vean más fácilmente en la noche. Pesa mucho menos que el anterior y puede reducir el espacio que ocupa un 20%. Así que creo que ya me veo más pro al andar en bici en la ciudad.

También empecé a ir al gimnasio. Mi idea es ir en bicicleta, pero llevo tantas cosas que creo que sólo el trayecto contaría como una rutina de gimnasio. Tengo que ir con el mamado para que me ponga a hacer cosas. Agarré el peor momento para entrar al gimnasio porque es enero y parece que lo hago porque es propósito de año nuevo, pero no. En realidad no creo en los propósitos de año nuevo y no lo digo por hacerme el interesante. Técnicamente todos los días son año nuevo, depende del punto de referencia, como todo en este universo (eso sí lo dije para hacerme el interesante). Me compré unos de esos pants pegados que usan los que parecen que son corredores expertos y una playera para correr y ya parezco corredor experto. Afortunadamente no son tan pegados así que quedo en esa línea entre lo ridículo y lo normal.

Sé que es una tontería, pero entre el casco que pesa menos y la ropa deportiva más especial siento que lo hago mejor. También están los niños que ganaron un torneo de basketball sin zapatos, así que es pura idea mía.

Me duelen los brazos.

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