No soy un hombre de autos, me gusta considerarme un hombre de historias. Los coches no me emocionan demasiado, vaya no soy de aquellos que conocen las especificaciones de los autos, ni tienen pósters de los prototipos de los modelos del futuro, que creo que siempre serán del futuro. Si en al calle me encuentro un Ferrari o un Porsche o alguno de esos sí me llaman la atención, por lo que representan y la verdad es que son unas piezas de tecnología muy hermosas, pero desconozco si llegan a 100 km/h en 5 o 6 segundos. Sé lo básico de mecánica, o sea, si un coche no arranca y no se soluciona con pasar corriente no tengo idea de como arreglar el problema.

He tenido tres coches en mi vida, he sido afortunado. Aprendí a manejar en un Vocho 1997, rojo con detalles en negro. La primera vez que lo saqué solo choqué con un camión de pasajeros, fue bastante peligroso. He tenido mucha fortuna en los accidentes en los que he estado y los que he evitado por azares del destino. En ese coche dije por primera vez que amaba a alguien. Recuerdo una tormenta espantosa que me agarró en Tlalpan, no sé cómo llegué a mi casa esa vez. Una tardelo abrieron, pero no se lo robaron, es más creo que no se robaron nada. Lo tuve dos años. Antes de salir de la preparatoria mis padres compraron un Peugeot 206 naranja. Ese coche fue la sensación. Peugeot acababa de regresar a México y estoy seguro que tuve uno de los primeros 100 modelos en la ciudad. Un naranja nunca antes visto, con una línea novedosa. Recuerdo que la gente se me quedaba mirando y me chuleaban mucho; un señor me dio un pulgar arriba. En el lejano 2004 los Pumas volvieron a ser campeones, así que hicimos lo que teníamos que hacer, ir al Ángel. Me llevé el coche y fue una de las cosas más divertidas que me pasaron con él. Le echaron espuma, los zangolotearon unos vagos pumas y todo fue felicidad. Desgraciadamente no salió tan bueno y duró unos pocos años.

No recuerdo muy bien porque mi padres compraron un modelo igual, sólo que de dos puertas y color azul marino. Supongo que me gustó mucho el anterior. La compra fue un proceso espantoso, salió con muchos detalles que me hicieron pensar que fue una pésima idea renovar con Peugeot. Y la verdad, en cuanto al servicio al cliente apestan. No sé ahora, hace mucho que deje de llevarlo a la agencia.

Pasaron 8 años. Y en realidad lo cambio por eso del no circula y porque supongo que ya le toca. Resultó ser un guerrero que aguantó situaciones muy pesadas. Canté mucho conduciendo, me enamoré, me rompieron el corazón. Pasé de ser estudiante a ser un hombre productivo. Me lo abrieron tres veces y las tres veces se robaron el estéreo, pero nunca las bocinas que tenía en la cajuela. Eran muy fáciles de robar, Sony Explode y toda la cosa. Nunca entendí eso. Creo que en ese coche me acompañó en los cambios más importantes en mi vida reciente. Algo así como la adolescencia tardía y la adultez temprana. Fueron muchos años.

No le tengo el cariño del primer coche, ni la melancolía del segundo. Es algo distinto. Es como si en los 105,557 km que compartimos fuera, lo que algunos llaman búsqueda interna, tratar de encontrarme a mí mismo, de saber quién demonios soy. Es como si cada lugar al que fuimos juntos se tratase de una escala necesaria en este camino que llamamos vida.

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