Si algún día llego a casarme, o mejor dicho, si algún día me veo en la necesidad de hacer lo que podría ser la fiesta de mi boda, elegir la canción que bailaría con mi mujer sería todo un tema. No quisiera casarme de forma tradicional porque mi formación religiosa me llena de orgullo.

Por ejemplo, cuando era niño y pasaba con mis padres por la iglesia que está por mi casa, mi padre miraba con desdén a los creyentes y decía: “bola de hipócritas”. Así crecí. Lo no quiere decir que no le pida cosas a ese ente superior supremo que hace que todo ocurra o que hizo que todo ocurriera o también conocido como “El por algo pasan las cosas”, le pido muchas cosas sobretodo cuando anhelo algo o cuando no quiero que algo malo suceda. Supongo que es algo humano, una cosa de fantasía infantil que apaga las angustias. Tampoco quiere decir que no crea en la gente ni en la bondad en el mundo, aunque a veces algunas personas logren que lo dude con toda mi alma cognisciente.

Como sea, creo que sí me gustaría tener una fiesta de nupcias, no sé si en un bosque o en la playa o en lago, no habría sacerdotes ni nada de eso, pocos invitados y nosotros elegiríamos la música. Por mí habría una big band o un cuarteto de cuerdas, un poco de rock y blues y alguna que otra cumbia o merengue. Nada del baile del Bipper, y por favor, mujer, nada de Timbiriche. Por supuesto habría una canción, nuestra canción…

Todo esto viene porque ayer estaba escuchando “la canción”. Ya saben esa canción que te hace tomar decisiones, la que te hizo ver que amaban a alguien y querías pasar la vida con esa persona, la canción que te hace sonreír cada vez que la escuchas y después dedicaste y dedicaste y dedicaste hasta que se convirtió en “nuestra canción”. Ayer la escuché, sigue siendo “nuestra”, pero “nosotros” ya no estamos. Como buen martir, me puse a escucharla una y otra vez, me sigue gustando sólo que no sé que hacer con ella.

Se me ocurrió que las canciones quedan huérfanas porque sus “padres” ya no están, pero no, es más como si algo hubiera muerto. Uno guarda luto cuando tiene un rompimiento, de alguna u otra forma uno cierra círculos, lo cual puede tomar años enteros. Sin embargo, no es que la canción haya muerto, hoy por la mañana la estaba escuchando y hasta me puse a cantar. No son huérfanas y no están muertas, son más como espíritus. No me queda más que aprender a vivir con ellas, de vez en vez reaparecerán y yo las recibiré con las mejores intenciones.

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