Sólo en compañía de mi amor he podido dormir bien. En las últimas dos semanas he padecido de un insomnio terrible, un insomnio extraño y latoso.

Me gustaría que mi insomnio actual fuera como el resto de los insomnios: una buena noche tu amigo Insomnio llega a tu cama y decide hacerte compañía, llega como a las dos de la madrugada y decide irse a las cinco. Tiempo suficiente para dormir un poco y maldecir a gusto a tu viejo amigo. A veces se le hace temprano y no deja dormir y pueden dar las dos de la mañana y sigue platicando mientras tú sigues dando vueltas en la cama, de pronto se marcha y puedes dormir un rato, piensas en el todo el día mientras lo maldices con cierto dolor y con cierto gusto.

No, mi insomnio es puntual y es tempranero. Estas últimas dos semanas ha esperado exactamente a que cumpla seis horas de sueño. No importa la hora en que me acuesta, seis horas exactas; llega y me cuenta lo mal que la ha pasado: que siempre se le hace tarde, que mis persianas no le gustan, que debería revisar mi correo, que debería ponerme a jugar PS3, que debería leer, que debería recorrer mentalmente mi cuerpo de pies a cabeza para distraerlo y así quedarme dormido mientras medito – al principio esta técnica funcionaba, aunque a veces roncaba antes de quedarme totalmente dormido – me cuenta que ya hace mucho calor, que debería cambiar ahora mismo mis cobijas y dormir desnudo, me sugiere salir a correr; pero falta mucho, le contesto.

El problema de mi amigo, el insomnio matutino, es que me acompaña todo el día, hasta la noche que logro conciliar el sueño, pero regresa justo seis horas después de que me he quedado dormido.

Me gusta tener hipótesis para todo, supongo que este fin de semana mi amigo no encontró lugar en mi cama para hacerme compañía y ahora está desquitando ese tiempo perdido.

Prefiero un insomnio que rompe la noche en dos, el sueño y el malestar es total, sabes que algo está mal. Pero con un insomnio como el mío no se puede estar del todo mal. Vaya, he dormido el mínimo necesario para poder funcionar adecuadamente, pero no lo suficiente para sentirme bien.

Ansío la noche, aunque aún me falta bastante para llegar a casa, soltar la mochila, cambiarme las ropas, poner música y dormir. Falta tanto aún y yo aquí tratando de exorcizar a mi amigo el insomnio.

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