A final de cuentas fue muy sencillo decidir qué es lo que quiero hacer en la vida. Me tomó 27 años, cuatro meses, 9 días y como 16 horas con 21 minutos. La solución era la esperada tal vez. Pero el camino fue ardo, dificultoso y tormentoso; la razón, yo mismo.

Caminábamos por Central Park, justo atrás del Met y una ardilla cruzaba los alambres que limitan donde uno puede pisar y donde no. La ardilla iba y venía, buscando comida, brincando. Siendo ardilla. Entonces una idea me vino a la cabeza, una idea reveladora, tan brillante que parece una obviedad, cualquier cosa que quiera hacer en la vida, sólo debo hacerla, como la ardilla que brinca y cruza las rejas. Esto resuelve básicamente cualquier limitación en mi vida: brincar bardas, trepar árboles, escribir, pintar, amar, terminar la tesis, elegir ropa, planear, opinar, conocer gente nueva, olvidar, perdonar, intentar, fallar. Como una ardilla

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