Hoy tuve una de esas grandes ideas para pintar algo. No es raro que me ocurra, lo raro es que permanezcan tanto tiempo con esta intensidad: glamour, abismo, pintura, espalda… Intenté llegar a bocetear, pero lo primero que hice fue buscar fotos sobre abismos, encontré unas cuantas que podrían ayudar. Estoy haciendo todo lo posible para evitar que la imagen se pierda o deje de ser tan brillante y es por eso que escribo ahora en lugar de rayar. Si sobrevive unos minutos más, puede que funcione.

Aprovecho para escribir algo, iba a escribir sobre mi insomnio pero creo que lo he superado, la solución fue sencilla: dormir antes de las 12:oo, eso ha regulado mi ciclo de sueño. Iba a llegar a jugar Oblivion, mi nuevo vicio o a hacer tesis, y aquí estoy haciendo tiempo…

Cuando era un jovenzuelo pensaba que el miércoles era el mejor día de la semana, me pasaba todo. Mi vida cambiaba completamente de un miércoles a otro. Chicas, besos frescos, corazones rotos (el mío muchas veces), declaraciones, todo pasaba de una semana a otra. La primera juventud, no fue tan gris como la recordaba, me viene una lluvia de recuerdos, que intenso era. Que espanto.

Luego crecí y los miércoles se hicieron como cualquier día y la vida se las arregló para atacar en cualquier momento.

Miércoles 3 de junio, me enchilé con un aceite de olivo y chile habanero, las vecinas tienen reunión y están fumando, quiere darme gripa, mi abuelo está en coma, no soporto el trabajo, escucho Going Home por los Stones, en mi cama reposan un cuaderno, el tomo dos de the watchmen, un plato de cerámica pintado por mi madre, el ipod, medio cuerpo con las piernas cruzadas (se escuchan risas a lo lejos, se colaron por los audífonos, de qué reirán, dejen de fumar, coño), mis palabras deben pesar lo suficiente y sé que pensando así nunca llegaré a ninguna parte.

Cuando miras el abismo, el abismo te mira de vuelta.

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