Cada tanto me dan rachas en las que todo lo que toco se descompone, desarma, alenta y, la nueva modalidad, desaparece.

Ya había notado esta peculiar regularidad, generalmente relacionada con fallas en las computadoras que uso sin importar la propiedad, fallas automotrices y con cualquier aparato en general. Uno de los episodios más fuertes del mal tino fue cuando prendí la TV del cuarto de mis padres y se descompuso. Prender un aparato y que éste se malogre solo por oprimir el botón O/I no es nada grato.

En la racha actual, mi computadora tuvo un corto en la tecla “O”, creo que falló porque la limpié; use una de esas toallitas especiales para limpiar cosas electrónicas. Lla computadora del trabajo se puso lenta, se puso idiota mejor dicho. Y la nueva, ayer la grúa se llevó mi auto.

Supongamos que me estacioné en un lugar indebido, lo cual creo que es parcialmente cierto, pago mi multa, mi arrastre y mi derecho de piso. Sin embargo, me estacioné en ese lugar porque Iztaccíhuatl está invadida por franeleros que cobran $20 al día, lo cual multiplicado por cinco por cuatro, nos da $400 al mes. Considero que es un robo disfrazado de un buen trato. Parásitos, eso es lo que son. Mi deber moral me impide encargarles mi auto, pero las ventajas de hacerlo parecen ser muchas. Un ejemplo más de las tantas cosas que hacen que este país no funcione bien.

Extrañamente nunca he descompuesto un celular.

Update

Algo le pasó al ipod touch que la lap no lo reconoce y no me deja formatearlo y el coche no pasó la verificación, que porque el escape está roto, seguramente lo rompió la grua al trasladar amablemene mi auto al corralón.

Update II

Resulta ser que el coche no pasó la verificación porque se rompió no sé que cosa del silenciador, mismo que estaba muy oxidado y en palabras del experto “se estaba rompiendo por dentro”.

Anuncios