Durante años había preferido usar sólo una almohada para cualquier actividad realizable en mi cama. Hubo un tiempo en el que utilicé un respaldo, pero era muy incómodo y tenía que cambiarlo para dormir. Mi búsqueda se centró en utilizar una almohada que funcionara como respaldo y como seguro soporte onírico.

La qué más recuerdo era una hecha con retazos, calcetines viejos y cosas semejantes, era lo suficientemente dura como para resistir mi espalda y lo suficientemente blanda para cobijar mi encéfalo, pero un buen día dejó de ser cómoda y tuve que cambiar. La sustituta fue difícil de encontrar, una bonita almohada anatómica, dura como me gustan, alta y moldeable. Muchos años viví así, hasta la convalencia reciente; era demasiado chica y mi abdomen no daba para ciertas posturas. Mi padre utiliza una señora almohadota para estar recostado y ver la TV, misma que ocupé en su ausencia, pero es demasiado grande para la cuevita que tengo por cama, así que cuando estuve mejor, se me ocurrió utilizar una de las almohadas que le pedí a mi madre que comprara antes del viaje. El resultado: increíble, la conjunción entre la almohada dura y la almohada pachona es lo más cómodo que me ha pasado en la vida, me recuesto para leer y estar en la lap y duermo como nunca.

Lamento que hayan tenido que pasar tantos años para derribar aquel prejuicio.

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