He terminado la insufrible edición de Sepan Cuantos de Oscar Wilde. Es increíblemente bueno. Una de las cosas que he aprendido de los grandes escritores es no utilizar palabras pomposas, construcciones obtusas y aburridas e imágenes que sólo se podrían construir en drogas o siendo el autor de las mismas.

Nunca revelar los secretos que, en realidad, nadie posee, nadie sabe como es el camino a la muerte, no es necesario describirlo; pero todos sabemos lo doloroso que es perder a un ser querido, y eso es lo que es necesario contar.

Comienzo Moby Dick:

“¡Renuncia, sub-sub! ¡Porque cuanto más te empeñes en agradar al mundo, tanto menos te lo agradecerá!”

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