Tener un blog es como estar parado entre miles de personas en un lugar cerrado y esperar que algo ocurra contigo (o es como tener un planta).

Como toda gran idea que cualquiera de nosotros pueda tener, uno espera que sea exitosa, famosa y reconocida, todos necesitamos ser queridos.

From the thunder and the storm va a cumplir tres años. ¿Qué ha pasado por aquí? No mucho, creo que mi blog tiene unos cuantos highlights.

1. Su creación
2. Los tres cambios de templates (que han coincidido con tres formas diferentes de escribir).
3. Los contadísimos clicks en el Habla.me o Gtalk
4. Sus primeros linkeos
5. Cuando tuve algo de tráfico (aunque creo que es el template tan pesado que hace que no se marcen las visitas)
6. De cuando me invitaron a participar en un estudio de la Universidad de Arizona (espero haber sido de utilidad).
7. La gran controversia que generó mi post de cumpleaños de este año
8. De cuando me encontré linkeado en un blog de una chica desconocida
9. De cuando me comentan

Vaya, salieron más.

He encontrado varios usos a este espacio virtual: lugar de criptas y escritos autocomplacientes que no llevan a ninguna parte; lugar para subir algunas cosas de mi humilde autoría, quejarme, o lo que viene siendo sólo un uso, hablar solo. ¿Cuál es la diferencia de subir algo aquí o dejarlo en mis cuadernos personales (aka The Black Hole Machines). Creo que alguna extraña necesidad de compartir. No me gusta contar mis días, aunque en realidad lo hago en lo que posteo. No creo que alguien le interese en absoluto el churro de cajeta que me compré hoy o ahora que debería estar corrigiendo mi tesis.

Tres años de nada, de superar la pena, de usar pseudónimo, de luego usar mi nombre, de esperar a que algo pase (no en el blog, ni por el blog ni para el blog). Tres años, hace tres años todo era diferente. Aún iba a la facultad, era un mozalbete callado y distraido. Ahora solo soy callado y distraido, mozalbete ya no, esa es palabra que aplica cuando tienes 23 años y crees que te puedes comer el mundo a mordidas, mordidas grandes y veloces.

Y no me comí el mundo porque mi boca es lenta y parezco un rumiante. No me comí el mundo porque no estaba listo para tener un mundo, no me comí el mundo porque creo que aún me falta la mejor parte de mi vida, en la que me encuentre en mi mundo y pueda partir y conquistar otros.

Mientras, tal vez no sea una lucha contra la gravedad propia, ni contra las sombras, ni lagos de aguas obscuras que circundan mis pensamientos… Tal vez se trate de caer, recoger los escombros y reconstruir la historia.

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