La ecuación en la página de su cuaderno comenzó a extenderse y a formar una cola cada vez más ancha, llena de ojos y tachonada de estrellas como la de un pavo real; y después de eliminar los ojos y las estrellas en forma de exponentes, volvía a encogerse. Los exponentes que aparecían y desparecían eran ojos que se abrían y cerraban. Y los ojos al abrirse y al cerrarse eran estrellas que nacían o se apagaban. El vasto ciclo de vida de las estrellas llevaba su imaginación, hacia afuera hasta su límite y hacia dentro hasta su centro, mientras una música distante acompañaba ese ir y venir. ¿Qué música? la música se acercó y él recordó las palabras, esas palabras del fragmento de Shelley donde habla de la luna anda errante y sola, pálida de cansancio. Las estrellas comenzaron a demenuzarse y una nube de fino polvo estelar cayó por el espacio.

James Joyce
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