Se supone que escribir y los libros son lo que quiero hacer de mi vida. Desde la preparatoria lo he sabido, pero decidí estudiar psicología.

Parece ser que las letras son mi utopía, para caminar y para darme atole con el dedo. La cantidad de páginas que leo semanalmente es raquítica, ni que decir de la cantidad de palabras que escribo, y mucho menos los trabajos que haya terminado. Se supone que escribir es lo que quiero de mi vida, esto quiero hacer.

Aarón (el del Modelo 68), me dice que debo de ponerme a buscar la forma de empezar a trabajar en esto. Tiene toda la razón. La única limitante que tengo es que no me la creo y no me la creo y no me la creo. Escribo por necesidad, porque no me aguanto, porque no soy buena persona, porque no puedo nunca decidirme a hacer algo, porque siempre repito lo mismo y lo disfrazo de palabras y de actos de significado.

Me gustaría poder decir, ese poema es una mierda o poder describir lo que siento cuando algo en verdad me gusta. No paso de referencias, citas y cambios en mis miradas y entonaciones.

Debería escribir sin preocuparme, así como los autores que más respeto. Mandar a todos al diablo y poder decir, este es mi trabajo y sí no te gusta: jódete.

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