Rosaura. No es sino un triste (¡ay de mi!),
que en estas bóvedas frías
oyó tus melancolías.

Segismundo. Pues la muerte te daré,
porque no sepas que sé
que sabes flaquezas mías.
Sólo porque me has oido,
entre mis membrudos brazos
te tengo que hacer pedazos.

Clarin. Yo soy sordo, y no he podido
escucharte.

Rosaura. Si has nacido
humano, baste el postrarme
a tus pies para librarme.

Segismundo. Tu voz pudo enternecerme,
tu presencia suspenderme,
y tu respeto turbarme.
¿Quién eres? que aunque yo aquí
tan poco del mundo sé
—que cuna y sepulcro fue
esta torre para mí—;
y aunque desde que nací,
si esto es nacer, sólo advierto
este rústico desierto
donde miserable vivo,
siendo un esqueleto vivo,
siendo un animado muerto;
y aunque nunca vi ni hablé
sino a un hombre solamente
que aquí mis desdichas siente,
por quien las noticias sé
de cielo y tierra; y aunque
aquí, porque más te asombres
y monstruo humano me nombres,
entre asombros y quimeras,
soy un hombre de las fieras
y una fiera de los hombres.
Y aunque en desdichas tan graves
la política he estudiado
de los brutos enseñado
advertido de las aves;
de los astros suaves
los círculos he medido
tú sólo tú, has suspendido
la pasión a mis enojos,
la suspeción a mis ojos,
la admiaración al oido.
Con cada vez que te veo
nueva admiración me das,
y cuando te miro más,
aún más mirarte deseo.
Ojos hidrópicos creo
que mis ojos deben ser,
pues cuando es muerte el beber
beben más, y desta suerte,
viendo que el ver me da muerte
estoy muriendo por ver.
Pero véate yo y muera,
que no sé, rendido ya,
si el verte muerte me da,
y el no verte qué me diera.
Fuera más que muerte fiera,
ira, rabia, y dolor fuerte;
fuera muerte, desta suerte
su rigor he ponderado
pues dar la vida a un desdichado
es dar a un dichoso muerte.

Pedro Calderón de la Barca – La Vida es Sueño (fragmento)
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